23 oct 2007

Polga(film).Sombras en el paraíso by Aki Kaurismaki- Obuaro 108


Sombras en el paraíso by Aki Kaurismaki













- Ilona: ¿Qué quieres de mí?
- Nikander: No quiero nada de nadie
- Nikander: Soy Nikander, ex carnicero, actual basurero.
Tengo los dientes y el estómago mal. Mi hígado no anda bien, mi cabeza tampoco.
No me preguntes qué quiero,
- Ilona: Vale. Hace frío.






Ciertas heridas e imperfecciones
se consideran graciosas.
aunque sean graves para quien las padezca
es gracioso
es muy gracioso.
Se pasa bien mientras se ama
¿Está de acuerdo?.
Quizá no esté de acuerdo
Nunca se aprende

Ya estaba harto del tema
creía haberlo sopesado
desde todos los ángulos posibles
Ciertas heridas e imperfecciones
se consideran graciosas aunque sean graves
Es gracioso
Es muy gracioso
Está de acuerdo?
Quizá no lo esté…






- Nikander: Nos vamos,
- Ilona: ¿A dónde?.
- Nikander: Es demasiado duro estar sola. ¿Te parece?
- Ilona: Sí, Puede que tengas razón
- Nikander: Seguro-Vamos.
- Ilona: Pero, y mi trabajo?.
- Nikander: Ya encontrarás otro
- Ilona: ¿De qué viviremos?
- Nikander: ¿Qué importa?
- Ilona: De acuerdo, pero a dónde iremos?
- Nikander: Hay un ferry a Tallín
- Ilona: Cojo el abrigo





Mira, fíjate amada mía,
Han encendido las luces del parque
mi corazón lleno de tristeza
sigue latiendo
solo para ti, como siempre.
Por eso te pido que te des prisa.
la vida es demasiado corta
Ven a mí, amada mía.
Te lo daré todo.
Te lo daré todo.
Apresúrate
tendrás todo lo que quieras
lo que quieras, y más

Amada mía
aunque te lo ruegue,
ya lo sé,
de nada sirve
aunque te eche de menos
de día y de noche,
no vuelvas conmigo
no, no lo hagas
lo sabes tan bien como yo

4 oct 2007

De Supervivencia. Michel Houellebecq- Obuaro 106

Rester vivant- Michel Houellebecq

Le long fil de l´oubli se déroule et se tisse
Inéluctablement. Cris, pleurs et plaintes.
Refusant de dormer, je sens la vie qui glisse
Comme un grand bateau blanc, traquille et hors d´atteinte.

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De Supervivencia- Michel Houellebecq

La larga hebra del olvido se devana y se teje
Ineluctablemente. Gritos, lloros y lamentos.
Renunciando a dormir, siento la vida deslizarse
Como un gran barco blanco, tranquila e inalcanzable.

El hacedor. Borges- Obuaro 105

De El Hacedor- Borges

Un hombre se propone la tarea de dibujar el mundo. A lo largo de los años puebla un espacio con imágenes de provincias, de reinos, de islas, de peces, de habitaciones, de instrumentos, de astros, de caballos y de personas. Poco antes de morir, descubre que ese paciente laberinto de líneas traza la imagen de su cara.

Mi bohemia. Arthur Rimbaud- Obuaro 104

MA BOHÉME- Arthur Rimbaud
(Fantaisie)

Je m´en allais, les poings dans mes poches crevées;
Mon paletot aussi devenait idéal;
J´allais sous le ciel, Muse! Et j´etais ton féal;
Oh! là! là! Que d´amours splendides j´ai rêvées!

Mon unique culotte avait un large trou.
- Petit-Poucet rêveur, j´égrenais dans ma course
Des rimes, Mon auberge était à la Grande-Ourse.
- Mes étoiles au ciel avaient un doux frou-frou


Et je les écoutais, assis au bord des routes,
Ces bons soirs de septembre où je sentais des gouttes
De rosée à mon front, comme un vin de vigueur;

Où, rimant au milieu des ombres fantastiques,
Comme des lyres, je tirais les élastiques
De mes souliers blessés, un pied près de mon coeur!.
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MI BOHEMIA-Arthur Rimbaud
(Fantasía)

Iba por ahí, con las manos en mis bolsillos rotos;
hasta tal punto mi gabán se volvía ideal;
iba bajo el cielo, ¡oh Musa!, y era tu vasallo;
¡qué barbaridad! ¡qué de amores espléndidos he soñado!

Mi único pantalón tenía un hermoso agujero.
-Pulgarcito soñador, desgranaba en mi trayecto
algunas rimas. Mi albergue estaba en la Osa-Mayor.
-En el cielo mis estrellas tenían un suave frufrú.

Y yo las escuchaba, sentado al borde de los caminos,
aquellas gratas noches de septiembre en que sentía gotas
de rocío por la frente, como un vino reconfortante.

¡ En que, rimando en medio de fantásticas sombras,
estiraba, como si fuesen liras, las gomas
de mis zapatos heridos, a un palmo de mi corazón!

8 sept 2007

"Calling you" . Jevetta Steele- Obuaro 103

Esta es la canción de la película Bagdad Café, esa que cada vez que la oyes te traslada a ese desierto nowhere, con la maleta en la mano y el alma lleno de soledades y vacio de esperanzas. Te pone en camino, on the road.

Calling you
by Jevetta Steele


Desert road from Vegas to nowhere
Someplace better than where you've been
A coffee machine that needs some fixing
In a little cafe just around the bend
I am calling you
Can't you hear me
I am calling you
Hot dry wind blows right through me
Baby's crying and I can't sleep
But we both know a change is coming
It's coming closer
Sweet release
I am calling you
I know you hear me
I am calling you
I am calling you
I know you hear me
I am calling you
Desert road from Vegas to nowhere
Someplace better than where you've been
A coffee machine that needs some fixing
In a little cafe just around the bend
Hot dry wind blows right through me
Baby's crying and I can't sleep
And I can feel a change is coming
coming closer Sweet release
I am calling you
Can't you hear me
I am calling you

26 ago 2007

Cork August 2007- Obuaro 102








Cork by Arteche Agosto 2007

28 jun 2007

Espejos. Borges- Obuaro 99

Borges. Espejos

"Él había adquirido poco a poco, desde niño, la virtud o el defecto según se mire, de adornarse de espejos. Es por esto que, desde siempre, le había resultado facilísimo relacionarse con los demás. Cualquiera que le viese tenía siempre la impresión de estar tratando con alguien realmente brillante (llevaba espejos, ¿recordáis?), alguien portador de una especie de luz propia que atraía inevitablemente al resto de personas. Si bien esta atracción era innegable, no bastaba por si sola para que las personas permaneciesen por mucho tiempo a su lado. ¿Cuántos somos capaces de enfrentar permanentemente nuestro propio reflejo? Todos los que a él se acercaron acabaron por marchar desengañados; convencidos, eso sí, de haberle conocido perfectamente aunque en realidad nunca le hubiesen visto. Es por esto que aquel uniforme reflectante que él mismo se confeccionase, ya en su niñez, para ir por el mundo, acabó convirtiéndose en una mortaja iridiscente que, pese a todos sus brillos y destellos, no dejó nunca ya de ser una mortaja. No puedo contestaros si eso le producía dolor. ¿Lo imagináis? Cuando intenté descubrirlo, asomando mis ojos escrutadores a sus ojos, sólo descubrí mi mirada solícita intentando descifrar los misterios que escondía, a través de su armadura de cristal.
Me fue imposible por tanto, y sólo pude ver, en su andamiaje de espejos, el reflejo cansado de mi propia decepción. Me alejé de él, como todos los demás.
No puedo saber si él lo sintió".

22 jun 2007

Sinkin' Soon. Norah Jones - Obuaro 98

Norah Jones - Sinkin' Soon

We're an oyster cracker on the stew,
And the honey in the tea,
We're the sugar cubes, one lump or two,
In the black coffee,
The golden crust on an apple pie,
That shines in the sun at noon,
We're a wheel of cheese high in the sky,
But we're gonna be sinkin' soon.

In a boat that's built of sticks and hay,
We drifted from the shore,
With a captain who's too proud to say,
That he dropped the oar,
Now a tiny hole has sprung a leak,
In this cheap pontoon,
Now the hull has started growing weak,
And we're gonna be sinkin' soon.

We're gonna be
Sinkin' soon,
We're gonna be
Sinkin' soon,
Everybody hold your breath 'cause,
We're gonna be sinkin' soon

We're gonna be
Sinkin' soon,
We're gonna be
Sinkin' soon,
Everybody hold your breath 'cause,
Down and down we go.

Like the oyster cracker on the stew,
The honey in the tea
The sugar cubes, one lump or two?
No thank you none for me.
We're the golden crust on an apple pie,
That shines in the sun at noon,
Like the wheel of cheese high in the sky
Well ... we're gonna be sinkin' soon

8 jun 2007

César Vallejo. Espergesia. Obuaro 97

Espergesia. Cesar Vallejo

Yo nací un día
que Dios estuvo enfermo.

Todos saben que vivo,
que soy malo; y no saben
del diciembre de ese enero.
Pues yo nací un día
que Dios estuvo enfermo.

Hay un vacío
en mi aire metafísico
que nadie ha de palpar:
el claustro de un silencio
que habló a flor de fuego.

Yo nací un día
que Díos estuvo enfermo.

Hermano, escucha, escucha...
Bueno. Y que no me vaya
sin llevar diciembres,
sin dejar eneros.

Pues yo nací un día
que Díos estuvo enfermo.

Todos saben que vivo,
que mastico... Y no saben
por qué en mi verso chirrían,
oscuro sinsabor de féretro,
luyidos vientos
desenroscados de la Esfinge
preguntona del Desierto.
Todos saben... Y no saben
que la luz es tísica,
y la Sombra gorda...
Y no saben que el Misterio sintetiza...
que él es la joroba
musical y triste que a distancia denuncia
el paso meridiano de las lindes a las Lindes.

Yo nací un día
que Dios estuvo enfermo,
grave.

Gil de Biedma. Noches del mes de junio. Obuaro 96

Noches del mes de junio. Jaime Gid de Biedma.

Alguna vez recuerdo
ciertas noches de junio de aquel año,
casi borrosas, de mi adolescencia
(era en mil novecientos me parece
cuarenta y nueve)
porque en ese mes
sentía siempre una inquietud, una angustia pequeña
lo mismo que el calor que empezaba,
nada más
que la especial sonoridad del aire
y una disposición vagamente afectiva.

Eran las noches incurables
y la calentura.
Las altas horas de estudiante solo
y el libro intempestivo
junto al balcón abierto de par en par (la calle
recién regada desaparecía
abajo, entre el follaje iluminado)
sin un alma que llevar a la boca.

Cuántas veces me acuerdo
de vosotras, lejanas
noches del mes de junio, cuántas veces
me saltaron las lágrimas, las lágrimas
por ser más que un hombre, cuánto quise
morir
o soñé con venderme al diablo,
que nunca me escuchó.
Pero también
la vida nos sujeta porque precisamente
no es como la esperábamos.

27 abr 2007

Polga. Por la cándida adolescencia- Obuaro 95

POR LA CÁNDIDA ADOLESCENCIA

El mundo se convierte en lo que es: una fiesta salvaje en la que el fuego
es un precio que acepto por las veces en las que igual que un sol brilló mi vida,
pues solo brilla así lo que se quema.
(Vicente Gallego).


Laura ante el espejo del dormitorio se atusaba su media melena luciendo sus mejores galas cuando Germán abría la puerta de la calle con ese ademán cansino propio de los viernes por la tarde.
Aquella noche tenían una cena con sus viejos y antiguos amigos, otrora de cada uno, hoy ya comunes. Era la cena mensual, esa “ ineludible” cita en a la que solían asistir una vez al mes, pero ya hacía tres meses que el trabajo, los hijos, las dietas, el cumpleaños de la suegra, los achaques de la edad, y el hígado de Germán, se lo habían impedido.

Él, en contra de los consejos del que llamaba el Dr. Infierno se sirvió una cervecita, mientras esperaba que Laura se cambiara por tercera vez de vestido en un vano intento por disimular el prominente vientre que decía no saber por qué, había echado.

El ritual previo a estas cenas desencadenaba una serie de reacciones ataque contraataque entre ambos que parecían no poder o bien no querer evitar, jugando como los niños que ya no eran. Germán se quejaba de que siempre se celebraran las dichosas cenitas los viernes porque él estaba cansado del trabajo. Los otros podían quedar sin problema los viernes porque no daban un palo al agua, pero él... Parecía, por sus afirmaciones ser la única persona que trabajaba, y que además lo hacía duro y bien, y no había más que decir.

Laura repetía que ella trabajaba fuera y en casa y que se encargaba de los niños, porque tener hijos no era solo traerlos al mundo como pensaban algunos. Asumía ese papel de mujer liberada de tertulia radiofónica que impedía (paradoja esta) cualquier tipo de réplica posterior.

Cierto es, que en el fondo, ambos experimentaban la sensación de que la cita era inevitablemente agradable, una de las rutinas menos tediosas de su vida cotidiana. Buenos amigos y tiempo para compartir la antigua alegría de estar juntos. Todo en un intento de engañar a la desilusión.

El primer impacto del encuentro siempre era duro. Los saludos de rigor, el qué tal los niños, el frío o el calor, y el maldito tráfico. Esas miradas que buscaban complacientes una cana o una incipiente calvicie en el amigo; las arrugas de al comisura de los labios, o la flacidez de la parte superior del brazo de la amiga. Superados estos primeros momentos de tensión, se rompía definitivamente el hielo, la atmósfera se relajaba y fluía naturalmente el segundero del tiempo. Se dejaban ir, y les embargaba ese sentimiento de camaradería en el que las barreras descienden lentamente, pero sin remedio. En el que la arruga, si bien no es bella, le da a uno mucha personalidad, los kilos de más le dan cierta tersura a la piel y hasta se adivina un bonito perfil de cabeza entre nubes y claros del escaso pelo.

Una vez sentados y con esa botella de buen vino como testigo, el ritual se iniciaba con ese brindis en que levantaban sus copas por la cándida adolescencia evocando con sus miradas memorias que no eran ni muchos menos de África. Era el brindis que Germán, buen aficionado al cine, había pronunciado en esa primera cena por los viejos tiempos, haría de eso ya casi cinco años.

Laura iniciaba la conversación con unos de esos temas de actualidad propio de una persona de su tiempo, con criterio, y bien informada. La tasa de paro, los tipos de interés, la progresiva globalización, y las tensiones inflacionistas que disparan los precios reduciendo considerablemente el poder adquisitivo del contribuyente.

A continuación, llegaba el turno de quejas contra el mundo, ese que no les comprendía y las excluía de sus planes sin su permiso. Ahí, Germán tomaba el relevo para recordarles irónicamente que para ellos el mundo no era mas grande que la mesa alrededor de la cual estaban sentados, que no tenían ningún derecho a quejarse, y que no tendrían vergüenza si lo hicieran. Sería un ejercicio de autocomplacencia con el que solo pretendían escabullirse de ser uno mas en la corte de súbditos traviesos que buscan desde su ira terrible ser adulados y sentirse a la vez bien con ellos mismos. Una gran burla, una gran mascarada.

Laura intervenía entonces abandonando el tono de reproche para combinar con éxito el chiste casi soez, la palabra malsonante y el humor grueso con los grandes ideales por la libertad y la justicia a lo Simón Bolívar, como cuando niña, más bella que nunca, intentando inútilmente arar en el mar. Criticaba con ingenio y habilidad, como solo ella sabía, ante la mirada de aprobación de Germán acontecimientos familiares cotidianos y problemas sexuales del común de las parejas. Solo ella, y el insigne Woody Allen eran capaces de teñir de cierta ternura y encanto hechos tan rutinariamente vulgares.

La realidad se fragmentaba, no importaba. La nostalgia se colaba sin invitación ocupando la cabecera de la mesa. Ella era la anfitriona a la que llenaban una y otra vez la copa. Los recuerdos cambiaban y Germán se convertía, narrado por el mismo, en un perfecto Calibán, una mezcla de D. Juan y patán conquistador que las mataba solo con la mirada. Y Laura sonreía porque allí sentada le veía defensor de la vida, rebelde, arriesgado, como cuando niño, más alto que nunca. Solo él y posiblemente Gregory Peck en el Manantial sabían culminar tan histriónica escena con ese gran beso final.

Entre risas exageraban sus conquistas, sus aventuras, sus flirteos. Rescataban sus olvidados orgasmos. Ante tanta euforia Laura instintivamente destapaba discretamente sus hombros para lucir lo oculto de su insinuante cuerpo, y Germán destapaba ostensiblemente su boca para lucir lo oculto de su generosa alma. Y a todos, les acudía al estómago esa dulce congoja mezcla de sólido, líquido y gaseoso, ese cisne negro de Kant, que era la amistad.

Y así, transformaban las derrotas en victorias, tantas victorias como sonrisas, tantas victorias como sorbos daban a sus bonitas copas, tantas como propósitos de rearme en el círculo de flotación de sus maltrechas almas.

Y el concierto subía de tono. Cada uno hacía sonar su instrumento como el mejor maestro en estado de gracia. Y sonaban, y hacían esa música de la cándida adolescencia golpeando con sus cubiertos las copas a la manera que les enseñara Fofó en “Había una vez un circo..”. Y la virtuosidad de sus sueños incumplidos e imposibles les unía más de lo que está unida la muerte al porvenir de cada hombre. Nada, desveladas ya sus fortalezas y debilidades, nada, podría separarles, sin romperlos.

Renacía el orgullo entre ellos, planeaban fines de semana, retaban al tiempo, desafiaban al espacio, prometían que nunca faltarían a la cita; ni niños, ni trabajo, ni suegras, ni dietas, ni el hígado de Germán, que había prometido que se lo tomaría por fin en serio. Levantaban sus ánimos y acababan con las defensas completamente rotas. Terminaban cantando, sin el más mínimo pudor en un karaoke de barrio cualquier rancia ranchera a dúo con Rocío Durcal; ó imitando a Fred y Ginger, o a Travolta moviendo los pies con la ligereza de Aquiles y elevándose por los aires con la facilidad de Jordan. A ratos, bailaban agarrando a la vida por los pelos en un esfuerzo por hacerle el boca a boca para que no les dejara, para que aunque solo fuera por ese momento les permitiera morder algo más que el polvo.

El ascenso les seducía como antes lo hiciera el descenso. Porque había algo de atracción en el vértigo que conducía al vacío de la esperanza. Quizá no era más que un nuevo despertar, no menos, que el reverso de la desesperanza.

Y al final de la noche, Germán y Laura, sin saber cómo, acababan sentados uno al lado del otro, exultantes, pensando que habían vencido al destino y su triunfo era el de estar juntos y junto a sus amigos aquellas noches mensuales de los viernes.

De regreso a casa, ella conducía lentamente mientras él, como un prestidigitador se sacaba de la manga una copa y farfullaba brindando una y otra vez con el retrovisor por la cándida adolescencia y los paraísos perdidos y nuevamente encontrados.

Laura se quitaba las medias, evitando el espejo del dormitorio, deslucida por sus mejores ojeras. Germán, a duras penas, abría el embozo de la cama y abrazando su copa le decía que la quería, que nunca había dejado de quererla, como cada viernes por la noche cuando regresaban de la cena con sus amigos. Como algún que otro sábado. Fruto de sus cándidos sueños... adolescentes.


polga@copyright

25 abr 2007

Felipe Benítez Reyes. La condena- Obuaro 74

La condena- Felipe Benítez Reyes

El que posee el oro añora el barro.
El dueño de la luz forja tinieblas.
El que adora a su dios teme a su dios.
El que no tiene dios tiembla en la noche.

Quien encontró el amor no lo buscaba.
Quien lo busca se encuentra con su sombra.
Quien trazó laberintos pide una rosa blanca.
El dueño de la rosa sueña con laberintos.

Aquel que halló el lugar piensa en marcharse.
El que no lo halló nunca
es desdichado.
Aquel que cifró el mundo con palabras
desprecia las palabras.
Quien busca que las palabras lo cifren
halla sólo palabras.

Nunca la posesión está cumplida.
Errático el deseo, el pensamiento.
Todo lo que se tiene es una niebla
y las vidas ajenas son la vida.

Nuestros tesoros son tesoros falsos.

Y somos los ladrones de tesoros.



De El equipaje abierto.

Tejer- Obuaro 55